Carta 9: Sobre ir más despacio, estar presente y detenernos a apreciar las pequeñas cosas de la vida…

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”En el más profundo de los silencios es cuando logramos escuchar nuestra voz interior con mayor claridad.”

Querida Elena,

Es fácil perderse en el ritmo ajetreado del día a día. Vamos por la vida siempre con algo por hacer, planes que concretar, metas por cumplir, un lugar al que llegar, alguien a quien encontrar, o una tarea por terminar. Pareciera que ahora los días no tienen suficientes horas, e incluso le robamos unas cuantas a la noche, cuando nuestro cuerpo, cabeza y corazón deberían estar descansando y reponiendo energías.

Es fácil perderse en la rutina y olvidar hacer una pausa, tomar un respiro y detenerse a apreciar los pequeños milagros de cada día.

¿Cuándo fue, por ejemplo, la última vez que te detuviste a mirar el cielo? ¿Cuándo fue la ultima vez que te dejaste arrullar por el sonido de la lluvia caer? ¿Qué me dices de la última vez que pusiste todo en pausa para jugar un rato con tu mascota que te busca todo el tiempo con sus ojitos tristes por que ya no tienes tiempo para hacerle caso?

¿Cuándo fue la última vez que ojeaste ese libro que tienes meses de tener sobre la mesilla de noche pero no te has dado la oportunidad de siquiera comenzarlo por que no tienes tiempo? ¿Cuándo fue la última vez que saboreaste cada sorbo del café que tomas cada mañana por que vas tarde? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste al supermercado, escogiste uno a uno los ingredientes de tu receta favorita, y volviste a casa a prepararla paso a paso, dedicando el tiempo que fuera necesario a cada ingrediente, mezclándolos con cuidado y amor, esperando pacientemente que estuviera lista y después saboreaste el resultado como si hubiera sido la primera vez que la probabas? ¿Cuándo fue la última vez que alejaste la mirada de una pantalla para ver a alguien a los ojos? ¿Cuándo fue la última vez que miraste la carta de los postres sin contar las calorías? ¿Cuándo fue la última vez hija, que te permitiste dejar de sentir ese nudo en el pecho y por unos minutos no estuviste preocupada por algo?

No permitas que la vida te distraiga con sus trampas. El verdadero milagro hija, es aquí y es ahora; es el Presente. Esto es todo lo que tenemos, todo lo que hay, y todo lo que necesitamos. Quien lo comprende vive cada momento de su vida maravillado, con alegría, entrega y pasión, y comprende que el presente es el regalo. La vida no es una carrera. No gana el que llega primero ni más alto, gana el que disfrutó cada segundo, el que saboreó cada bocado, el que bailó cada canción, sin preocuparse si hacía el ridículo, si el vecino lo hacía mejor o si esto sería lo último que haría en su vida.

Comprendo que es cada vez más difícil hacer estas breves pausas en un mundo que pareciera que cada día va más de prisa. No quiero ni imaginar el ritmo de vida que llevas al momento que leas esta carta quien sabe cuanto tiempo después de este preciso instante en que la estoy escribiendo. No permitas que la vida te consuma, cuando está supuesto a ser al revés.

No importa cómo vaya el mundo, importa cómo vayas tú. Vive a tu ritmo. A veces es necesario desconectarnos del mundo para volver a conectar con nosotros mismos. Toma unos minutos de tu día para estar a solas y en silencio. Es en el más profundo de los silencios cuando logramos escuchar nuestra voz interior con mayor claridad. Esa voz que te pide a gritos que te detengas un momento, que tomes un poco de aire, que le bajes al ritmo de tus ajetreados días y que vuelvas a ti. Vuelve a tu esencia. Recuerda quién eres, recuerda a qué has venido, recuerda lo que te hace verdaderamente feliz, recuerda cuantas cosas te hacían feliz de pequeña y haz más de esas tonterías por favor, que quizás esas cosas que ahora  llamas tonterías, no lo son tanto; quizás son exactamente lo que ahora necesita tu corazón.

Cambia del modo Piloto Automático y retoma tú el control, la dirección y el ritmo de tu propia vida. La vida es un día hija. Si hoy por la noche decides que vas a empezar a vivir mañana, ya estás tarde.

Dedícate unos momentos a ti sola, crea tus propios rituales, que sean tu momento sagrado para conectar con tu cuerpo, con tu corazón y con tu Ser. Dedicarte tiempo es una forma de amor propio.

En los momentos y las cosas más sencillas de esta vida se esconde la verdadera felicidad. La felicidad es en realidad lo que les pasa a muchos de largo, cuando están demasiado ocupados buscándola en las cosas y lugares equivocados.

Sal al campo. Camina descalza sobre la tierra. Ve a la playa. Maravíllate ante el vaivén de las olas del mar. Observa los movimientos de las alas de una mariposa o un ave en el cielo. Observa como la vida fluye y date permiso para fluir con ella.  Respira aire puro. Llena tus pulmones de aire en un ejercicio consciente y observa las reacciones físicas que tienes, ¿lo sientes? ¡Eso es, estás viva! Ejercítate al aire libre. Acuéstate en tu jardín en una noche cálida a contar las estrellas. Prepara un arreglo con tus flores favoritas. Prende una velita en casa y déjate envolver por su olor, observa como arde esa pequeña llama, y no tardará en arder algo más profundo en ti. Reconoce el milagro en todo lo que te rodea.

Estos pequeños milagros aunque no lo creas son pequeños grandes recordatorios de tu propósito en esta tierra y son invitanciones del universo a comulgar con El milagro más grande de todos: estar viva. Milagro es que nos visiten esos pequeños mensajeros disfrazados de lo cotidiano, y milagro es que todavía habemos algunas almas que nos detenemos a apreciar su visita y recibir sus regalos. Todos somos parte del mismo milagro llamado VIDA, y esto jamás debería dejar de maravillarnos.

Los regalos más valiosos hija son en realidad los momentos que no cuestan nada pero lo valen todo. No tiene nada que ver con su tamaño o el tiempo que duran, mira un atardecer por ejemplo, en unos pocos minutos el cielo se viste de colores y se desviste para la noche, lo hace todos los días y para muchos no es nada especial, pero si alguna vez has presenciado uno y has estado presente de cuerpo, alma y mente, sabrás que ahí en ese efímero instante has sido testigo de un milagro. Tú por ejemplo, con lo pequeñita que fuiste al llegar a mis brazos por primera vez, has sido mi más grande milagro.

Cuando sea el momento, muéstrale a tus hijos la importancia de detenerse a apreciar estos momentos, ayúdales a descubrir el milagro en todo. Que sus ojitos y su corazón jamás dejen de maravillarse ante lo más pequeño. Enséñales la importancia de mantener siempre los ojos y el corazón bien abiertos, por que uno nunca sabe cuando puede aparecer la magia.

Un día cuando yo ya no esté en este cuerpo, y veas el aletear de las alas de una mariposa posada sobre una de tus flores favoritas, ojalá recuerdes esta carta. No entristezcas, deténte a apreciar sus colores, su forma, su libertad, su fragilidad y su gracia, y recuerda que el verdadero milagro está allí; aunque muchos no puedan verlo. Al igual que yo, que aunque tampoco podrás ya verme, ahí estaré para ti siempre, ingeniándomelas para recordarte de una u otra manera la importancia de estar presente y apreciar las pequeñas cosas de la vida y ¿quién sabe? quizás lo haga tomando la forma de una bella mariposa posada en una flor aleteando sus alitas para ti….

Te Quiere,

Mamá.

 

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