Carta 19: Sobre la importancia de ser optimista

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“Cuando se practica de manera colectiva, el optimismo tiene el poder de cambiar el mundo”.

Querida Elena:

Te escribo esta carta durante el sexto mes de confinamiento en casa. Es el mes de agosto del año 2020, seis meses desde que nuestras vidas, incluyendo la tuya, dieran un giro inesperado. Seis meses de verte crecer en todo sentido a pasos agigantados. Seis meses de no ver a tus amigos, de escucharte jugar y hablar sola, de verte crear e inventar mundos imaginarios para luego aburrirte de nuevo. Seis meses de verte intentar acostumbrarte a una nueva normalidad que no termina de ser normal del todo, mientras te preparas para “volver” a la escuela a través de una pantalla.

Se nos acaban las ideas hija, se nos acaba la paciencia, pero aun tenemos salud, tenemos un hogar; y nos tenemos a nosotros. Se nos acaban otras cosas, pero no se nos acaba la vida. No se nos acaba la risa. No se nos acaban los sueños, los planes, las ganas; no se nos acaban los motivos. No se nos acaban las razones para agradecer cada día. No se nos acaba la ilusión. No se nos acaba la esperanza.

Estoy segura de que esto, como todo en esta vida, en algún momento también pasará, y deseo que todo lo que hemos vivido estos meses y lo que falta, no haya sido en vano. Ojalá lleves siempre contigo las lecciones que nos ha dejado este tiempo y puedas acudir a ellas en el mundo que sea que vivas cuando leas estas cartas y te hagan recordar. La carta de hoy habla de una las (e)lecciones más importantes que esta pandemia nos ha dejado.

Desde el momento que abres los ojos, tú tienes una varita mágica, con ella tienes el poder de decidir qué color pintará tu día, sí; incluso a pesar de las curvas inesperadas que te tira la vida (como una pandemia por ejemplo). Esta varita mágica se llama actitud, una en concreto; optimismo.

Ya te he hablado en otras cartas anteriores de la importancia de aprender a fluir en esta vida al no poder controlarlo todo. Hoy más que nunca, vivimos en un mundo incierto, en tiempos inciertos. Tenemos poco o nulo control sobre las circunstancias que nos rodean, pero hay algo que sí podemos elegir y controlar, y es la manera en que reaccionamos a estos eventos y circunstancias y cómo permitimos que nos afecten. Ahí precisamente está nuestro poder. Tenemos la libertad y el deber de elegir sobre nosotros mismos.

Todo en esta vida es cuestión de perspectiva y de cómo eliges ver cada situación. El optimismo es la elección consciente de ver el lado bueno de las cosas, de ver luz donde el resto del mundo elige ver sombras. Es, si quieres simplificarlo; la elección de ser feliz.

Esta pandemia que vivimos mientras te escribo, es el mejor ejemplo para aquello de si la vida te da limones, haz limonada. No ha sido fácil, pero hemos hecho lo mejor que hemos podido durante seis meses mientras el mundo como lo conocíamos a nuestro alrededor se desmoronaba, y lo hemos hecho por ti hija; por que tú merecías aprender esta inmensa lección que te ha regalado la vida a tus apenas doce años.

Quizás hayas visto momentos en los que hemos flaqueado. Momentos en los que nos ha podido el encierro, la desesperación, la tristeza y la desesperanza, pero en general espero logres ver que en estos meses, no nos ha faltado de nada, y que solo nos queda agradecer por eso en lugar de pensar en todo aquello que extrañamos, y que hasta hemos llegado a descubrir, que ni siquiera necesitamos.

Verás hija, tú eres un poderoso imán para atraer exactamente lo que deseas manifestar en tu vida. Lo que piensas, decretas. Donde pones tu atención, es lo que amplificas.  Lo que temes también, si a eso dedicas tu energía. Todo empieza en tus pensamientos. Todo comienza contigo. Cada mañana la vida te presenta con una serie de elecciones, empezando con el pie que eliges para levantarte de la cama. Y tú hija, ¿con qué pie te levantas? ¿Dónde decides enfocar tu energía? ¿A qué decides dedicarle tu atención? ¿Qué permites que te afecte y cómo?. Tú decides.

En un mundo donde pareciera que escasean las buenas noticias, abunda la desinformación, y se nos intenta bombardear con miedo e incertidumbre en todos los medios, es importante elegir bien la información que consumes y la que compartes. Imagino que conoces aquel dicho por excelencia del optimista de elegir ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío, pues también es importante elegir con sumo cuidado con qué llenas la mitad de tu vaso.

El optimista elige ver más allá de las mentiras y la oscuridad del miedo. Si te fijas bien, siempre hay una ranura por donde la luz está intentando colarse, basta con que decidas dejarla entrar. No alimentes el miedo con tus pensamientos, ni permitas que otros lo hagan por ti. No cedas tu verdadero poder. Elige de manera consciente la información a la que te expones y a qué le dedicas tu atención. Elige rodearte de gente optimista.  Elige ser tú luz para otros y no sumes a la oscuridad colectiva. Comparte tus alegrías, las buenas noticias, aquellas que normalmente no publican en primera plana. Comparte los pequeños milagros, aquellos que pasan desapercibidos en medio del caos.

Ser optimista es un regalo que te haces a ti mismo. Es un regalo de amor para ti y para los que te rodean. Con una simple decisión puedes inspirar a muchos y cambiar vidas. El optimismo es contagioso, cuando se practica como estilo de vida, no solo tiene el poder de cambiar tu suerte sino la de aquellos que te observan y aprenden de tu andar. Una actitud positiva, una palabra alentadora, una sonrisa en medio del caos, puede cambiar tu día, tu vida y la de otros. Cuando se practica de manera colectiva, el optimismo tiene el poder de cambiar el mundo.

El optimismo es a la vez un gran acto de confianza. Al elegir ser optimista eliges confiar en que todo está en el debido orden, aun cuando pareces estar sumergida en un caos que parece interminable. Elige creer que nada está en tu contra ,sino justamente como debe estar, y eventualmente se resolverá a tu favor aunque quizás no de la manera que esperabas. No pierdas energía ni tiempo cuestionando tu suerte. El universo recompensa a las almas que han decidido fluir y confiar. Esa es parte de su magia.

Confía también en ti misma. Confía en que cualquiera que sea la dificultad que se te presente, tienes las herramientas, el conocimiento y la capacidad para enfrentarla y superarla. No importa qué tan oscuro sea el camino que ahora estás recorriendo, confía en que cada paso que des, estás un paso más cerca de llegar a la luz. Confía en que todo cambio, toda crisis, trae algo bueno, algo que quizás necesitabas y quizás ni siquiera lo sabías. Aférrate a algo mas grande que tú, al amor, a tu fe, cualquiera que esta sea, aférrate a la esperanza; pero primero debes empezar a creer que todo estará bien para que eventualmente lo esté. Ese es siempre el primer paso.

Confiar no significa sentarte a esperar. El optimista no es conformista, al contrario, en vez de resignarse ante un mundo lleno de problemas, elige pasar a la acción y a la búsqueda de soluciones. El optimista no se da por vencido, siempre tiene un plan en vez de una excusa. No se limita a perder tiempo lamentándose por su suerte ni por todo aquello sobre lo que tiene control.  No pierdas energía y tiempo pensando en todo lo que puede salir mal. Enfócate en todo aquello que puede salir bien y ponte manos a la obra.

Te advierto hija, requiere de mucho valor y carácter ser optimista en un mundo donde cada vez más abunda el cinismo.

¿Se puede ser realista y optimista? Te preguntarás. Por supuesto que sí, se puede ser lo que tu elijas ser, estos dos estados no son incompatibles. Optimista no es aquel que ve todo color de rosa y vive en un mundo de fantasía; el optimista no es iluso ni ciego. Al contrario, reconoce las dificultades, pero se concentra en encontrar la manera de trabajar alrededor de ellas para superarlas y hacer lo mejor que se puede con lo que se tiene, sea esto mucho o poco; bueno o malo. El optimista se adapta, es resiliente; y elige evolucionar.

El optimismo está intrínsecamente relacionado con la gratitud. El optimista siempre encuentra motivos para agradecer. Agradece incluso las dificultades por que en ellas reconoce nuevas oportunidades, y ya hemos hablado de cómo el universo también reconoce y recompensa la gratitud. En medio del caos y las carencias, el optimista, desde una actitud de gratitud, encuentra nuevo valor en todo y le da un nuevo sentido a las cosas, hechos y personas. Todo cobra una nueva relevancia y aprende a apreciar el milagro en todo. Esta pandemia por ejemplo, nos ha obligado a replantearnos nuestras prioridades y a contar las bendiciones que recibimos cada día, desde la mas básica de todas: recibir un nuevo amanecer con buena salud. El optimismo y la gratitud en tiempos de crisis son en realidad, mecanismos de supervivencia.

El último aspecto clave de esta especie de radiografía del optimista que he intentado elaborar para ti es crucial en momentos como los que vivimos. El optimista sabe que el único momento que en realidad importa es el presente. No te lamentes por el pasado y no comas ansias por el futuro. Identifica y aprecia las oportunidades que tienes de ser feliz hoy. Mañana será otro día.

Una mente optimista es una mente feliz, y tú hija, serás tan feliz como te lo permitas serlo. Disfruta del momento presente, agradece por todo lo que toque a tu puerta, confía en lo que el universo tiene preparado para ti y en tu capacidad para navegarlo, elige a qué dedicas tu atención y tu energía, cuida tus palabras y tus pensamientos, quédate con lo bueno, intenta ver la luz donde otros eligen ver oscuridad e intenta ser luz para otros. Y cuando lo olvides, no seas tan dura contigo misma. Recuerda que la vida es un aprendizaje continuo y lo estás haciendo lo mejor que puedes.

Y tú hija, ¿cómo eliges ver tu vaso hoy? ¿de qué lo llenas? ¿hacemos limonada?

Te quiere,

Mamá.

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