Carta 15: Sobre la amistad…

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“Sé la amiga que tú quisieras tener en tu vida”.

Querida Elena:

Te escribo esta carta una tarde tranquila de diciembre. Aunque durante esta época el mundo suele ir más rápido, a mi por el contrario, me gusta ir más despacio. Me gusta hacer balance de todo aquello vivido durante el año, y pienso especialmente en las personas que lo han vivido a mi lado.

Verás hija, una de los regalos más grandes que puede obsequiarte la vida, son los amigos. Me gusta pensar que nadie llega a tu vida por casualidad, y todo aquel que llega, lo hace por que es exactamente a quien necesitas tener a tu lado en un determinado momento. Hay quienes llegan para quedarse indefinida e incondicionalmente, y otros que tarde o temprano se irán.

He tenido la suerte de estar rodeada de gente maravillosa en mi vida, y espero que tú encuentres, más temprano que tarde, a tu tribu. Llegamos a este mundo rodeados de familia, en el camino hacemos amigos, y luego hay amigos que se convierten en familia. De esas amistades quiero hablarte hoy. Los amigos que se sienten como hermanos, aquellos con quienes te sientes en casa y son tus incondicionales. Si tienes suerte como yo, los irás reconociendo desde muy pequeña, y ojalá te acompañen siempre.

Hay amistades que son a prueba de todo (o casi todo) y que están destinadas a durar toda la vida. Es tan fuerte el vínculo que las une que incluso no necesitan el contacto constante. Perduran a través del tiempo, de la distancia y el ocasional silencio. Son esos amigos de los que puedes estar separada durante años pero una vez se vuelven a encontrar, nada ha cambiado, todo es exactamente tan fácil, cómodo, natural y familiar como la última vez que estuvieron juntos hace quien sabe tanto. Estas amistades son tesoros que te da la vida, y quizás las más difíciles de encontrar. Ojalá todas las amistades fueran así, pero en general, las amistades se cultivan, se trabajan como lo hicieras con una relación amorosa. Una amistad necesita cuidado, atención, cariño, y detalles.

Una amistad puede estar distante por momentos, pero jamás debería ausentarse por completo. En un mundo lleno de posibilidades de comunicarnos, pocas son las excusas válidas para perder el contacto. Quien quiera estar presente en tu vida, siempre encontrará una manera de hacerlo.

Hay amistades que funcionan bajo ciertas reglas. Para mi, la única y máxima regla que puedes aplicar para una amistad es: sé la amiga que tú quisieras tener. Todo aquello que esperas recibir de una amistad, tienes que estar dispuesta a darlo. Todo aquello que esperas encontrar en un amigo, debes estar dispuesta a serlo.

Una amistad tampoco puede nacer de un estricto proceso de selección. Debe llegar a ti de manera natural y espontánea. Casi todo lo mejor de esta vida llega de esta manera. Si tú eres lo que quieres atraer en tu vida, manifestarás a estas personas y estas relaciones con mayor facilidad.

Rodéate pues de gente que te sume y te aporte. Gente optimista de quien siempre aprendas algo y te recargue y llene el corazón después de una conversación, un encuentro por breve que sea o un simple abrazo. Gente que te recuerde lo increíble que eres cuando lo hayas olvidado. Gente que quiera ser cómplice de tus sueños, incluso de aquellos que parezcan ser los más locos e inalcanzables. Gente que siempre esté dispuesta a decirte dos verdades a la cara, pero que lo haga por que quiere lo mejor para ti y no quiere verte sufrir. Gente que te de alas para volar y de vez en cuando te ayude a aterrizar. Personas a quien no tengas que justificar tu estado de ánimo ni explicar tu sentido del humor. Amigos que te conozcan tanto que sepan interpretar tus silencios. Amigos que escuchen más lo que callas que lo que dices. Amigos a quienes no tengas que pronunciar palabra ni derramar una sola lagrima para saber que algo anda mal. Amigos con quien no necesites fingir nada y siempre puedas ser tú misma. Amigos con quien puedas desmoronarte, mostrarte frágil y vulnerable y jamás lo usarán en tu contra ni se aprovecharán de ti.

Rodéate de personas que sabes que jamás compartirían tus confidencias. Amigos con quien puedas reír a carcajadas hasta que te duela el estómago y llorar hasta que se te acaben las lágrimas. Amigos dispuestos a escucharte sin juzgar, pero también dispuestos a ofrecer una opinión sincera. Amigos, dispuestos a escuchar; sin más.

El mejor regalo que dos amigos pueden darse es su atención y su tiempo. Escucha a tus amigos como quisieras ser escuchada. A veces el mejor gesto es permanecer callada y obsequiarles el regalo de tu atención exclusiva. Ya habrán oportunidades y momentos para hablar de ti y de lo que a ti te preocupa cuando tú necesites desahogarte. Sé generosa con tu tiempo y con tu atención, y tus verdaderos amigos te devolverán este regalo cuando tú más lo necesites.

Es importante comprender que la amistad funciona en ambos sentidos, y si una amistad te quita más de lo que te da, está bien cansarte. Está bien decir “no, gracias”. Está bien decir adiós. No estás siendo egoísta. Uno también se cansa de buscar, se cansa de dar sin jamás recibir nada a cambio. De escuchar siempre “yo, yo, yo” y casi nunca un “y tú ¿qué tal estás?”. Si este es el caso quizás es momento de reconsiderar esa dinámica. El que una amistad haya cambiado y esté cerca de su fin, no anula todo lo que vivieron y compartieron. Al contrario, terminarla a tiempo y en buenos términos es a veces la única manera rescatar su buen recuerdo.

Una verdadera amistad jamás debería estar teñida por los celos y la envidia. Alégrate por el bien ajeno y los éxitos de tus amigos por que el universo tiene en abundancia para todos. Apoya sus sueños y proyectos como quisieras que apoyaran los tuyos. Tus amigos son una extensión y reflejo tuyo, sus éxitos también son los tuyos.

La verdadera amistad tampoco puede ser a conveniencia y sólo estar cuando las cosas marchen bien. Al contrario, cuando la vida da giros inesperados y las cosas van a peor, es en esos momentos cuando debes fijarte quien permanece a tu lado. Esos son tus incondicionales; ellos son los que en realidad quieres tener en tu vida, pues  en una amistad se comparte todo, lo bueno y lo malo, los éxitos y los fracasos, lo duro y lo divertido, las risas y las lágrimas.

Haz todo lo que esté en tu poder para mantener viva una amistad, pero cuando esta irremediablemente termine, llórala, recuérdala, hónrala, agradécele y despídela como se merece (aún cuando pareciera no merecerlo). Con el tiempo y la edad, es normal y probable que nuestro círculo de amigos vaya cambiando y se vaya reduciendo. Agradece por que esta es la forma natural de la vida de depurar tus amistades, y regalarte sólo a quienes realmente necesitas y mereces en tu vida.

Así como hay amistades de toda una vida que pueden acabar por distintas razones, hay amistades que hacemos más adelante en distintas etapas de nuestra vida que llegan de manera inesperada, personas con quienes quizás no hubiéramos podido tener una amistad en otro momento, pero que escalan rápidamente y llegan a convertirse en una de las relaciones más importantes que llegamos a tener. Estas son siempre una bonita sorpresa de la vida a las que siempre hay que mantenerse abierta, atenta y agradecida.

En fin hija, como te decía antes, tu irás atrayendo a las personas que necesites y merezcas en tu vida en el momento indicado, sólo procura ser tú también todo aquello que buscas en un amigo incondicional para atraer a la gente correcta a tu vida.  En general la amistad debería ser generosa, desinteresada, espontánea, recíproca, divertida, e incondicional. Si la encuentras, cuídala como uno de los tesoros más grandes que puede obsequiarte el universo.

Te quiere,

Tu amiga y Mamá.

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