Carta 21: ¡Felices 17!

Me has enseñado que no hay manera correcta o incorrecta de hacer las cosas, que no llegas tarde a ningún lado, que estás a tiempo, a tu tiempo y que honrar y respetar tus tiempos y procesos es lo más maduro, coherente y digno que puedes elegir.

Querida Elena,

Hace tiempo que no nos encontramos en estas páginas. La última vez que te busqué aquí eras apenas una niña empezando a navegar la preadolescencia y el mundo se recuperaba de una herida importante. Mucho ha cambiado en los últimos cinco años. Lo has hecho tú, lo he hecho yo y lo ha hecho el mundo. Han sido unos años turbulentos, confusos y en ocasiones frustrantes para ambas. 

Yo he perdido los papeles en infinidad de ocasiones, pero tú… En este tiempo has navegado los cambios, el miedo, la soledad, la incertidumbre, las dificultades, las decepciones y la crueldad del mundo con más gracia que muchos, incluyéndome a mí. Lo has hecho sin perder tu bondad y tu inocencia. Has reconocido y enfrentado tus propios fantasmas con más valentía que cualquier adulto.

Has batallado por encontrar tu lugar literal y figurativo en este mundo. En una nueva ciudad, en un nuevo país, en un nuevo continente. Lo has hecho con gracia, paciencia, amabilidad, autenticidad y e incluso con tu particular sentido del humor.

Me has enseñado que hay otras maneras de hacer camino, y que también es posible hacerlo a tu ritmo. Me has cambiado mis ideas fijas de como tiene que verse la vida a tu edad. Me has dicho en silencio pero de manera contundente: “A mi ritmo y a mi manera mamá; mi tiempo y mi viaje no son los tuyos”, y aunque mis viejos patrones y lealtades al principio no podían comprenderlo, por fin hemos encontrado territorio medio. 

Me has enseñado que no hay manera correcta o incorrecta de hacer las cosas, que no llegas tarde a ningún lado, que estás a tiempo; a tu tiempo y que honrar y respetar tus tiempos y procesos es lo más maduro, coherente y digno que puedes elegir. 

Me has mostrado que no hay nada más horrible e inútil que las comparaciones. Especialmente cuando las hago yo. Y que tú realmente estás en tu propia liga. Siendo la dueña absoluta de tu propia vida, como debe ser, adaptando, creando, innovando y liderando constantemente tu manera y ritmo de vivirla. 

Has sacudido todos mis puntos de vista fijos sobre la adolescencia y la vida en general. No te mentiré, han sido pequeños terremotos en mis estructuras rígidas, en ocasiones frustrantes, dolorosos y destructivos, pero entiendo ahora también que eran necesarios para poder avanzar y evolucionar como individuos y como sistema familiar.

Verte batallar tus propias luchas con tal valentía y determinación a tan corta edad han sido una invitación o más bien me han puesto en la obligación, de mirar y sanar mis propias heridas.

Aunque me es diifcil reconocerlo, creo que alguna vez sin desearlo y en silencio, te he envidiado…he envidiado la libertad que has elegido a pesar de los constantes intentos del mundo (y míos) de mantenerte fiel a un sistema obsoleto. Ahora reconozco que en realidad es respeto, por mantenerte fiel a ti misma, a pesar de las presiones internas y externas para encajar y pertenecer, a tu manera de hacer las cosas y por una vez más confirmarme que aquí; la maestra eres tú.

Respeto y admiro la sabiduría de tu alma. Una superior y mucho más avanzada y evolucionada  que la mía propia. Y aunque el orden terrenal se mantiene, y aquí yo soy tu madre y tu eres la pequeña, no creas por un segundo que la grandeza de tu alma pasa desapercibida.

A tus 17 años eres la persona que más admiro y respeto, y por supuesto la que me enseña el significado del amor incondicional día tras día.

Nunca cambies hija, incluso cuando el mundo y yo, insistamos que debes hacerlo.

Te quiere,

Mamá

Leave a comment