Carta 14: Sobre aprender a decir No…

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“A veces decir no, requiere incluso más valor que aventurarte a decir sí”.

Querida Elena,

¿Te ha pasado alguna vez que no te apetece hacer algo en lo absoluto y terminas diciendo que sí sólo por compromiso, vergüenza o miedo a decepcionar a alguien? Si has respondido sí, ten por segura que no eres la única.

Desde pequeños se nos enseña tanto la importancia de decir sí por favor, sí gracias, y de mantenerte abierto a nuevas opciones y posibilidades, que nadie nos dice lo suficiente que aprender a decir no es igual de importante. A veces, decir no, requiere incluso más valor que aventurarte a decir sí. Aprender a decir no, no sólo no es ser egoísta, sino a veces es necesario.

Imagina si todo el tiempo que has mal gastado accediendo a hacer cosas por compromiso lo hubieras dedicado a hacer las cosas que realmente te hacen feliz. Este es tiempo que jamás recuperas, ¿por qué perderlo entonces?

A veces con tal de evitar confrontaciones vamos por la vida, cediendo a los deseos e imposiciones de los demás, sin detenernos a considerar lo que de verdad nos hace bien a nosotros mismos. Esto puede convertirse rápidamente en un mal hábito y nos vamos acostumbrando a ignorar lo que realmente queremos, poniendo las necesidades  del mundo antes que las nuestras. Lo cierto es que, el único compromiso y obligación que tienes es contigo misma. Si tú estás bien, todos a tu alrededor lo estarán. No tienes por qué hacer nada a la fuerza. Si algo te incomoda, si no tienes tiempo, si no te nace de tu corazón, simplemente no lo hagas. No aceptes esa invitación a ir a ese lugar con esas personas que no son de tu agrado, no aceptes hacer esa tarea que no te corresponde, y no cambies tus planes que tanta ilusión te hacen por satisfacer a otros.

Aprende a priorizar y a diferenciar lo que es indispensable que hagas según tu deber y tus responsabilidades, y lo que no. Aprende a decir no sin sentirte culpable. No tienes por qué mentir, justificar, elaborar ni entrar en explicaciones personales que sólo tienes que dártelas a ti misma, cuando un no tuyo basta. Quien te quiere y te acepta lo hará de manera incondicional, y jamás te pondrá en una posición donde tengas que hacer algo obligada, que no te agrada o te incomoda. No hagas de la mentira un hábito, ni a ti misma ni a los demás. Una vez empiezas a hacerlo es difícil parar. Las mentiras se van acumulando en una inmensa bola de nieve que eventualmente te regresará.

Cuando no estés segura si debes o quieres hacer algo, pide un tiempo para pensarlo, y sé tú la única que termine eventualmente decidiendo una vez hayas repasado todos los argumentos a favor o en contra de hacer lo que sea que esté en cuestión. No hagas nada sólo por quedar bien con alguien más. No es tu deber quedar bien con todo el mundo todo el tiempo. Si crees que vas a decepcionar a alguien al decir no, piensa que en realidad sólo te estás decepcionando a ti misma por acceder a hacer algo que en primer lugar ni siquiera estabas segura de querer hacerlo. Si lo haces por la aprobación de alguien más, recuerda, sólo tú puedes darte el más grande e importante OKAY. Decir no, es tu decisión y no debería de estar condicionada a las opiniones, expectativas y prejuicios de nadie más.

Aprende también a escuchar tu instinto, esa vocecita que te dice, “No tienes por qué hacerlo si no quieres”. Aprende a leer las reacciones físicas que tienes cuando quieres decir no. En el fondo tú ya sabes si algo te conviene o no. Si bien decir sí te puede abrir muchas puertas, decir no también te puede cerrar muchas que no te convienen. Cuando decidas plantarte, sé consecuente y fiel a tu decisión. No permitas que nadie te haga sentir culpable por defender y mantener tu posición. Observa como reacciona la gente a la que le dices no, y quédate con aquella que no te presione, te cuestione o intente hacer sentir mal por hacerlo. Quien no respeta tus decisiones, no te respeta a ti ni te aprecia lo suficiente para respetar tus limites y por lo tanto, tampoco merece estar en tu vida.

Decir no es invertir en ti. Es elegir dedicarte el tiempo que normalmente no tienes para ti por acceder constantemente a las peticiones y deseos de otros y ceder tu tiempo. Es cuidarte y mimarte a ti misma. Es reclamar tu espacio, tu tiempo, decidir en qué lo inviertes y establecer tus limites. Cuando tengas tu plato lleno de tareas y compromisos, es momento de ordenar, priorizar y desechar, y que no te quepa la menor duda; tú siempre serás tu prioridad. Tu bienestar, tu felicidad, y tu salud mental también deberían serlo.

Decir no más seguido no es cerrarte y encerrarte, puedes ser una buena persona, llena de vida y energía, dispuesta a conocer cosas y personas nuevas, abierta a nuevas posibilidades y aún así decir no a lo que no te nazca hacer. Está bien decir no si algo o alguien no te hace feliz. Es tu derecho. Dile no a todas aquellas personas que no te aporten nada bueno a tu vida, que siempre te llenan de dudas, culpas y miedos, y son como esas nubes negras que no aportan luz, sólo traen oscuridad y te hacen sentir mal por elegir ser tu misma. Las personas cambian todo el tiempo y está bien que tú lo hagas también, tú tienes derecho a elegir y a cambiar tus amistades, incluso a esas que tienen mucho tiempo de serlo pero desde hace mucho ya no encajan contigo. Decide qué y a quién quieres en tu vida, y di no a todo lo demás. Así, sin más.

Aprender a decir no es un excelente ejercicio para tu seguridad y autoconfianza. Cuando aprendas a decir no, tendrás más tiempo, libertad y energía para hacer lo que te hace verdaderamente feliz. Podrás enfocarte mejor en tus propias metas y sueños, y menos en las de los demás. Vas a depurar tus amistades y relaciones, quedándote sólo con las verdaderas y las que más te aprecian, respetan y convienen.  Al aprender a decir no, retomarás el control de tu tiempo y de tu vida, estarás en paz contigo misma, y este es el mejor tipo de paz que puedes aspirar a tener.

Date el lujo de decir no más seguido.

Te quiere,

Mamá.

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