Carta 12: Sobre dejar de querer controlarlo todo y aprender a fluir…

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“Aprende a ser como el experto navegante, quien como el agua, fluye con los vientos, las corrientes y el cambio de los mismos.”

Querida Elena,

No hay nada más que quisiera darte en este mundo, a través de estas cartas, que atajos y soluciones a los problemas de la vida para hacer tu camino un poco más fácil, pero esto hija; debes descubrirlo tú misma y en el momento indicado. Sí hay dos cosas que quisiera que comprendas cuanto antes para que tu vida fluya como debe y te acerquen un poquito más a la felicidad (aunque esta también debes procurártela tú solita) que espero te sean de gran ayuda. La primera es que hay muy pocas cosas que podemos saber con certeza en esta vida, una de ellas es que todo, absolutamente todo; cambia. En la medida que puedas adaptarte al cambio serás más feliz. En la medida que te resistas, vivirás en un estado de tristeza y frustración constante. La segunda es que no puedes controlar absolutamente todo ni a todo el mundo. Siempre habrá algo que esté fuera de tu control, y no pasa nada; mientras más temprano comprendas esto tu vida comenzará a fluir de manera más fácil y natural, serás más feliz y vivirás en paz.

Mira a tu alrededor, y notarás que el cambio es necesario. No te resistas a él. Si nada nunca cambiara, no hubiera oportunidad para nuevos milagros, experiencias y emociones. Si nada cambiara fuera el fin de la vida misma. Para que un capullo se convierta en mariposa y pueda emprender el vuelo, debe atravesar una transformación. Para que una semilla eventualmente se convierta en una bellísima flor, debe atravesar un número significativo de cambios. Para poder apreciar la belleza de un amanecer, primero debemos vivir la oscuridad de la noche. Así pudiera continuar enumerándote cualquier cantidad de ejemplos que nos da la misma madre naturaleza pero creo que comprendes la idea. Aprende a ver la belleza y las posibilidades dentro del caos inesperado del cambio.

Resistir el cambio sólo trae frustración, rabia e infelicidad. Aprende a ser un experto navegante, quien como el agua, fluye con los vientos, las corrientes y el cambio de los mismos. Si aprendes a navegar con la corriente en vez de ir contra ella, eventualmente llegarás a buen puerto. Los vientos suelen favorecer a quien aprende a navegar con ellos. Está bien que hagas tus planes, traces tus rutas, pero hazlo sabiendo que en cualquier momento del plan, todo puede y a veces incluso debe cambiar. La manera que reaccionas al cambio dice mucho de ti. Como en los juegos que jugabas de pequeña, las reglas son muy sencillas: El que se adapta gana. El que se frustra pierde. De nada sirve lamentarte por los planes fallidos. Evoluciona, adapta, ingenia, redirige y busca nuevas rutas y formas de llegar a tu objetivo, tu Qué, sin perderlo de vista; pero está dispuesta a alterar tu Cómo las veces que la vida te indique que es necesario. Incluso no seas tan rígida con el Qué, puede que el universo esté preparando una mejor alternativa aunque tú todavía no puedas reconocerlo.

No te aferres a una sola idea de cómo tienen que ser las cosas. Ábrete a las posibilidades infinitas del cambio y te estarás abriendo a las bendiciones infinitas del universo. Mantente atenta para poder alterar las rutas y cambiar tu plan de navegación en cuanto te lo indiquen las estrellas, el viento, tu olfato y tu intuición. Aprende a tomar riesgos, aunque sean calculados, y confía en tu experiencia y en tu capacidad de navegar en nuevas y desconocidas aguas.

Cuando las cosas, situaciones o personas cambien, no intentes controlarlas ni te aferres a la idea que tenías de ellas. A veces el miedo de que hemos perdido el control sobre algo o alguien puede engañarnos y hacernos perder un poco la perspectiva. El miedo al cambio exagera y miente, y lo hace precisamente para inhabilitarte. No le temas al cambio, el cambio es bueno si lo ves bajo la óptica adecuada. Si te adaptas, evolucionas, sobrevives; tu vida comienza a fluir en perfecta armonía.

Jamás pierdas tu esfuerzo, tiempo y tus energías intentando controlar a otras personas. Tú sólo puedes hacerte responsable por tus acciones. Imagina si a veces te frustras con los resultados que obtienes de tus propias acciones y las decisiones que tú misma has tomado de manera consciente, lo fácil que resulta frustrarse con la conducta y actitud de otros sobre los que no tienes el más mínimo control. Concéntrate en lo que sí puedes controlar y cambiar y eso es sólo en ti misma. Comprende como te he explicado en otras cartas que todos en realidad estamos haciendo lo mejor que podemos dentro de nuestro propio nivel de conciencia. No puedes exigirles a otros lo que no tienen ni conocen. Cada quien aprende a su propio ritmo, manera y tiempo; respeta el tuyo y el de otros.

A veces intentar controlarlo todo trae más ansiedad, infelicidad y frustración que la misma situación que estás intentando controlar. Hay cosas que simplemente están fuera de nuestro control, y ese es precisamente su propósito y allí está la lección. Es importante hija que comprendas que, no puedes ni debes querer controlarlo todo. Debes aprender a confiar en que todo lo que pasa, pasa no por algo, sino para algo. Todo tiene un propósito divino; casi siempre más grande que nuestra capacidad de comprenderlo o poder verlo en el momento. Cada cosa tiene su tiempo y su lugar. Respeta los tiempos divinos y perfectos del universo. Confía en que lo que tiene que ser siempre encontrará una manera de convertirse en una realidad, y lo que no; es por que simplemente no está destinado a ser.

Si algo que deseas con todo tu corazón tarda en llegar, es que todavía no es su momento.Cuando algo no avanza, no da frutos, no se concreta ni prospera, no pierdas más tiempo cuestionando por qué no lo hace, da gracias por que no lo hizo y piensa alrededor del problema, abre tu mente y tu corazón a nuevas y mejores posibilidades y ponte a trabajar. Hay una frase que lo resume muy bien en las siguientes palabras: ‘No te preocupes; ocúpate’.

No intentes forzar nada que ya la vida te ha dicho mil veces y de mil maneras que no está destinado a ser: ni relaciones, ni amistades, ni proyectos, ni trabajos, ni planes a futuro. Lo que tiene que llegar a tu vida encontrará la forma y el momento preciso para hacerlo, si no lo hace es por que quién sabe de qué te está salvando.

De lo único que puedes tener absoluta certeza es que siempre habrán interrupciones, imprevistos, inconvenientes, puertas cerradas y puentes quemados. El dolor y el sufrimiento son inevitables, la pregunta es ¿qué vas a hacer con tu dolor? ¿En qué lo vas a transformar?. Es cierto no puedes controlar todo, lo que sí puedes controlar es como reaccionas a todo lo que te sucede o deja de sucederte. Toma lo que la vida te está ofreciendo en ese momento y haz lo mejor que puedas con ello.

Aprender a fluir no significa renunciar a tus sueños ni resignarse a que jamás se harán realidad, significa confiar en que lo harán cuando tengan que hacerlo; sí es que deben hacerlo. Fluir es la habilidad de adaptarse, de pensar fuera de lo común, de improvisar, de innovar, de crear activamente tu realidad a medida la vas viviendo en tiempo real, tal cual estuvieras en tu propio videojuego, pero sobretodo, es la capacidad de aceptar y confiar; aceptar y confiar en que todo, absolutamente todo es perfecto tal y como es en este aquí y en este ahora.

Aprender a fluir, adaptarte al cambio y dejar de querer controlarlo todo no es fácil, es la práctica constante de estos hábitos la que te hará la maestra, y sobre todo; requiere grandes dosis de humildad, creatividad, ingenio, valor y paciencia.

Quizás la vida no te esté diciendo no, quizás te esté diciendo todavía no. Quizás no te esté diciendo no, quizás sólo te está diciendo por aquí no; por aquí sí. Quizás no te esté diciendo no, quizás te está diciendo ya no. Aprende a reconocer las señales. En la medida en que aprendas el lenguaje del universo te será más fácil interpretarlas. Deja de insistir en el qué y cómo deberían de ser las cosas según tú, y permíteles ser sin más cuando el universo lo decida. El universo siempre querrá lo mejor para ti. Eres su hija favorita; todos lo somos.

Sé paciente. Sé flexible. Disfruta del camino, con sus altos y bajos, con sus curvas, obstáculos e imprevistos. Aprende a fluir, y sobre todo; confía en el universo.

Te quiere,

Mamá.

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